Al-lah es suficiente para nosotros; pero, ¿lo somos nosotros?

1709 481

 Profundamente dormido, abrigado en mi cama, mis ojos se abrieron repentinamente ante la estridencia del teléfono sonando en la sala de estar. Medité por unos momentos si realmente quería abandonar el calor de mi cama. Una mirada al reloj que mostraba las 12:30 a.m. quebró mis reflexiones y me trajo a la realidad. ¡Oh, no! Esto no puede ser bueno. No es común recibir una llamada a media noche anunciando buenas noticias. Pero por fortuna, a veces ocurre, a pesar de las emociones iniciales de pánico y miedo que aún logran hacerse camino a través de uno.
Paseando una y otra vez por los pasillos, orando por la situación de mi hermana, preocupándome por mi madre, y luchando contra el sueño, pasó la noche entera sin información nueva.
La siguiente mañana nos dio las noticias terribles que nos sorprendieron a todos.
Mi hermana, que no había tenido problemas reales en los últimos nueve meses, tenía complicaciones durante el parto. Las vidas de ambos, la madre y el niño, peligraban. ¿Cómo puede ser esto posible, ahora, a última hora? ¿Dónde están los doctores y por qué no solucionan este problema? Me encontré a mí mismo cada vez más enojado mientras el terror puso su semilla en mi corazón, que latía con fuerza. Al ver la tensión en mi rostro, mi madre me susurró: “Ten tawakkul ‘ala Al-lah, querido mío. Confía en Al-lah”.
La confianza y fe completas en Al-lah, Glorificado sea, bajo cualquier condición en esencial. Todos y cada uno de nosotros tenemos acceso interno a ellas. Sin embargo, no acabamos de entender la magnitud del poder que posee. Más importante aún, tendemos a olvidarlo y pasarlo por alto cuando la situación más lo amerita.
El Noble Corán recuerda a nuestra ummah diciendo (lo que se interpreta en español): {Te hemos enviado a una comunidad que fue precedida por otras, para que les recitases lo que te hemos revelado y ellos no creyeron en el Clemente. Diles: Él es mi Señor; no hay otra divinidad salvo Al-lah, a Él me encomiendo y me remito en todos mis asuntos.} [Corán 13:30]
¿Quiere decir esto que puedo ser negligente con mis estudios y aun así mantener la esperanza en que Al-lah, Glorificado sea, me permitirá asistir a la universidad de mis sueños? No exactamente. Por el contrario, significa que debo esforzarme, que debo hacer todo lo que esté a mi alcance para sobresalir, todo lo que me sea posible para lograr mis metas, y lo demás debo dejárselo a Al-lah, el Todopoderoso. Umar ibn Al Jattab escuchó al Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, diciendo: “Si confías en Al-lah con el tipo correcto de tawakkul, Él te proporcionará el sustento tal como hace con los pájaros, que salen por la mañana con sus estómagos vacíos y regresan por la noche con sus estómagos llenos” [Tirmidhi]. Observe cómo ellos no se sientan en la comodidad de su nido a esperar que la comida aparezca milagrosamente. Del mismo modo, debemos trabajar con lo mejor de nuestras habilidades, haciendo pleno uso de ellas con cuidado en los detalles, y luego esperar pacientemente, manteniendo la fe en que nuestro Proveedor hará lo que sea mejor para nosotros. Al-lah, Glorificado sea, reveló en la Sura Hud (lo que se interpreta en español): {Mi éxito depende de Al-lah; a Él me encomiendo (tengo tawakkul en Él) y ante Él me arrepiento.} [Corán 11:88]
Es esencial que tomemos las precauciones a nuestro alcance en toda circunstancia, y luego dejar los resultados a nuestro Creador. Esto es bellamente ilustrado a través de nuestro modelo de conducta, el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, quien tomó todas las medidas de seguridad posibles antes de emigrar a Medina, y luego mantuvo su fe en Al-lah, el Todopoderoso. E incluso cuando todo parecía estar al filo de una navaja, le aseguró calmado a su compañero que no tenía de qué preocuparse, y lo confortó diciendo: “De hecho, Al-lah está con nosotros”.
Hay algunas cosas que están más allá de nuestro control, cosas que no podemos cambiar aunque queramos. Puedo intentar una y otra vez crecer unos pocos centímetros, pero mi estatura no cambiará (al menos no será mayor) si Al-lah, Glorificado sea, no quiere que crezca más. Así que puedo simplemente aceptarlo. Tampoco puedo traer de vuelta a mi abuela para ver esa sonrisa especial cruzando el rostro de mi madre. El Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo: “Al-lah ta’ala condena la impotencia [es decir, la desesperanza]. A ustedes les incumbe tomar la posición de dar soluciones con esperanza e inteligencia. Si se ven superados por un asunto, digan entonces: ‘Al-lah es suficiente para mis intenciones y Él es el mejor defensor’”. [Abu Dawud]
Al-lah, Exaltado sea, trabaja a Su modo, que a menudo no podemos entender de inmediato, poniendo a prueba a Sus siervos, aunque no con más de lo que puedan soportar. Si la situación es pésima o maravillosa, manejarla apropiadamente resulta beneficioso. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo: “Es admirable el caso del creyente, pues todo es bueno para él, y esto no ocurre con nadie excepto con el creyente: Si es objeto de un bien da las gracias, y esto es bueno para él; y si sufre alguna desgracia, se arma con la paciencia, y esto también es beneficioso para él” [Muslim]. ¡En verdad, Al-lah ama a Sus siervos!
Vamos a crear la mentalidad más pacífica, una consciencia de que la vida está llena de pruebas, algunas difíciles, otras gratificantes; y sin embargo, independientemente de su gravedad, mis acciones y mis esfuerzos necesitan trabajar para obtener la complacencia de mi Señor. Cualesquiera sean las dificultades, pruebas y sufrimientos que soporte en el curso de mi servidumbre a Él, son todas parte de Su plan para mi éxito final. Soportarlas con satisfacción, sin una palabra de queja, sin desalentarme en forma alguna, es parte de mi misión terrenal como Su siervo, la que llevo a cabo para probar la veracidad de mi fe, para Su complacencia. Dice el Sagrado Corán (lo que se interpreta en español): {Por cierto que él [Satanás] no tiene poder sobre los creyentes que se encomiendan a su Señor.} [Corán 16:99]
Esta es la lección que aprendí ese día memorable durante el difícil parto de mi hermana, un día que casi me llevó a la locura por la preocupación y la ansiedad. Los doctores pueden, con esfuerzos enormes, tratar de solucionar un problema, y nosotros podemos hacer Du´a con todos nuestros corazones, pero al final es Al-lah, el Todopoderoso, Quien decide cómo evolucionarán las cosas y debo estar satisfecho con lo que acontece.
Habiendo sido expulsado de la sala para esperar ansiosamente afuera, me paré en la puerta haciendo todas las Du’a que conozco, listo a reaccionar cuando llegara el momento. Un llanto fuerte hizo que de repente mi corazón palpitante cayera en mi estómago y sin pensarlo dos veces entré y vi la criatura más hermosa en los brazos de mi madre. Temblando, tomé al niño aún cubierto de sangre y sentí que acababa de presenciar un milagro de Al-lah, el Altísimo.
Al Hamdulil-lah, nuestro Señor nos bendijo con un niño esa tarde de invierno de 2004, mientras nos bendecía también dándole buena salud a mi hermana. Sin saberlo, el nacimiento de mi orgullo y alegría me enseñaría una lección profunda que he seguido trabajando y mejorando hasta el día de hoy. Ahora, cuando me enfrento a una calamidad o a un momento de felicidad, en lugar de lloriquear y quejarme, trato de recordar: {Quien se encomiende a Al-lah, sepa que Él le será suficiente.} [Corán 65:3]

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