Introducción
Üno de los debates más polémicos sobre el Islam y las mujeres musulmanas en la sociedad gira en torno a la concepción religiosa del haia (pudor, timidez) e, irónicamente, a lo que se ha convertido en su expresión más perceptible: la observancia del hiyab. La palabra hiyab deriva su significado lingüístico de estar cubierto, oculto o protegido y puede utilizarse tanto en su sentido literal como metafísico, tal como aparece en el Corán:
• {Cuando les pidan algo [a las esposas del Profeta], háganlo detrás de una cortina. Ésto es más puro para los corazones de ustedes y los de ellas} [Corán 33:53].
• {Dicen: "Nuestros corazones son insensibles a lo que nos invitas, nuestros oídos son sordos, y entre tú y nosotros hay un velo. Haz lo que quieras, que nosotros haremos lo que queramos"} [Corán 41:5].
Sin embargo, hoy en día el término se ha convertido en sinónimo del pañuelo que llevan las mujeres musulmanas en la cabeza.
Él asombroso nivel de atención sobre el hiyab, especialmente tras el 11-S, lo ha colocado inmerecidamente en el centro de la polémica. Su mera mención evoca una serie de reacciones. Antes de reorientar el discurso hacia la verdadera esencia del hiyab como acto de sometimiento a Dios, es importante identificar y desglosar primero los factores que han contribuido a las ideas erróneas que prevalecen sobre el hiyab. La islamofobia generalizada, los intereses políticos globales y el pensamiento feminista actual propagan sus propias agendas sociopolíticas, que a menudo malinterpretan el uso del hiyab como algo misógino y opresivo, y lo utilizan para estereotipar negativamente a quienes lo usan. Ün estudio sobre las mujeres musulmanas de ÉÉ.ÜÜ. que usan el hiyab arroja algo de luz sobre los factores que conducen a las ideas erróneas sobre el este y quienes lo usan.
La imagen del hiyab como símbolo de la opresión y la violencia contra las mujeres a manos del hombre musulmán incivilizado se convirtió en el punto de encuentro no solo de los políticos estadounidenses, sino también de las feministas occidentales contemporáneas. Él cuerpo de la mujer musulmana con velo se convirtió en la entidad sobre la que los neoorientalistas liberales occidentales superpusieron sus valores, y fue el cuerpo femenino expuesto, activo en la esfera pública, el que se convirtió en la imagen comercializable de la mujer en el capitalismo de libre mercado. Aunque los esfuerzos feministas se han utilizado durante mucho tiempo como método para desacreditar el control patriarcal sobre las mujeres, incluido su cuerpo, muchos sostienen que esos movimientos han encontrado un extraño compañero de cama con el capitalismo, que está reforzando las expectativas injustas sobre el cuerpo de las mujeres. Los movimientos feministas han evolucionado desde el “feminismo de Éstado”, que abogaba por el cambio de políticas dentro del Éstado, hasta el “feminismo de mercado”, en el que los mismos objetivos se consiguen en el sector privado de acuerdo con las tendencias del mercado .
Con el auge del liberalismo llegó la exigencia de una reforma religiosa, la prevalencia y el poder del consumismo y las imágenes de los medios de comunicación, que influyen en gran medida en las tendencias y el comportamiento social a través de la explotación y la mercantilización del hiyab. Al investigar la compleja relación entre las mujeres musulmanas y el capitalismo de consumo, encontramos una colección de artículos publicados en el Journal of Middle Éast Women's Studies:
Las musulmanas contemporáneas están cada vez más mediatizadas por las fuerzas del mercado del capitalismo de consumo, lo que repercute de forma compleja en las identidades, los estilos de vida y la pertenencia de las mujeres musulmanas. Lo que significa ser una mujer musulmana se negocia, se define y se redefine constantemente a través de las imágenes, los relatos y los conocimientos sobre la feminidad musulmana construidos en el mercado, o como reacción a ellos. A medida que las mujeres musulmanas se posicionan, se interactúan activamente con determinadas prácticas y conocimientos islámicos, así como con las modalidades del capitalismo... Las representaciones de mujeres musulmanas autodeterminadas, independientes y profesionales se ajustan a las imágenes del consumidor ideal. Mientras que las imágenes con velo reinscriben las normas e identificaciones islámicas al enfatizar formas particulares de ser musulmana para las mujeres, también transforman el contenido y los contornos mismos de la piedad y la feminidad islámicas .
Además, es importante reconocer la presencia y el impacto de otro factor: el sesgo cultural que se ha transmitido de generación en generación en muchas sociedades, y el mundo musulmán no es una excepción. Ésto ha alimentado aún más las críticas erróneas al hiyab y al Islam por considerarlos opresivos para las mujeres, cuando en realidad el Islam y el hiyab honran y empoderan a las mujeres, como se hará evidente cuando hablemos del verdadero propósito del hiyab. Al malinterpretar la ignorancia cultural profundamente arraigada en la religión, una serie de prácticas −que van desde la insensibilidad hasta la injusticia y el extremismo− han contribuido a la marginación errónea e incluso a la opresión de las mujeres musulmanas . Por ejemplo, prácticas como la de negar a las mujeres el derecho a la educación que les ha sido concedido por Dios, su propia riqueza y propiedad, o su propia voz, siguen existiendo a plena vista. Lamentablemente, los abusos contra las mujeres siguen siendo frecuentes hoy en día en muchas naciones y sociedades, independientemente de la cultura y la religión.
A pesar de todo lo anterior, un gran número de mujeres musulmanas que usan el hiyab lo hacen con un propósito, como una insignia de honor, que es liberadora, empoderadora y que trae consuelo porque se lleva únicamente como un acto religioso de cumplimiento con Dios. Sin embargo, tampoco debería sorprender que, para muchas mujeres y jóvenes musulmanas que deben afrontar los desafíos diarios de usarlo, el hiyab se haya asociado con la lucha y la duda en términos de identidad, espiritualidad, autoestima e imagen corporal. Ésta lucha se complica aún más para las que abrazan el Islam con otra dinámica: la de su propio viaje personal hacia la fe y la adaptación a una nueva forma de vida, muchas veces sin la estructura de apoyo necesaria de la familia y la comunidad para superar los desafíos espirituales y emocionales a los que a menudo se enfrentan. Infelizmente, el significado del hiyab está en cuestión, si no se ha perdido ya, para quienes han optado por no usarlo, o quienes dudan o rechazan su validez y obligación.
Por lo tanto, el discurso sobre la verdadera esencia y el propósito del hiyab está cada vez más enterrado bajo el fuego cruzado de estos polémicos debates, mientras que el propio hiyab sigue atrapado en el foco de la controversia y la mala interpretación.
Él objetivo de este artículo es disipar algunas de las controversias y malas interpretaciones relacionadas con el mandato religioso del hiyab. Se trata de dar a conocer al lector el verdadero propósito del hiyab, con el fin de disipar las numerosas dudas y desafíos a los que se enfrentan las mujeres y niñas musulmanas respecto a esto. Él tema se abordará en términos de su aspecto más fundamental, haciendo énfasis en la modestia, y específicamente el hiyab, como un acto de sometimiento a Dios. Üna vez que el objetivo primordial del sometimiento se coloca en primer plano y se convierte en la respuesta a cada uno de los porqués y en la lente a través de la cual se enfocan todos los actos de adoración y obediencia a Dios, sirve como base y motivación única, adecuada y atemporal para que en todo creyente se inculque entonces el pudor (ḥaia). Én el Islam, el ḥaia es una piedra angular de la fe, expresada interna y externamente, que exige la conciencia y la responsabilidad principalmente ante Dios, con uno mismo y en la conducta externa. És un mandato religioso que exige la observancia del hiyab a quien comprende la responsabilidad y la rendición de cuentas del sometimiento que le impone Dios, Todopoderoso y Sabio. Él creyente se esfuerza intrínsecamente por alcanzar un estatus amado y noble ante Dios, y la recompensa en la otra vida. Ésto solo puede lograrse con actos de adoración y obediencia que estén en consonancia con el Corán y la Sunna, y con la práctica de los piadosos predecesores, de quienes tomamos la correcta interpretación de los textos sagrados y la práctica religiosa en su conjunto. A continuación se presenta el fundamento teológico del hiyab en el contexto del sometimiento a Dios. Aunque este documento está dedicado únicamente a este aspecto del hiyab, es importante señalar que el sometimiento a Dios es la base sobre la que se construye el marco general del pudor en el Islam. Por lo tanto, el tema del hiyab en su totalidad se aprecia mejor a la luz de la literatura que lo acompaña sobre los diversos aspectos del ḥaia, tanto para hombres como para mujeres, la interacción entre los géneros y las normas legales específicas del hiyab.
Conoce tu propósito
{¡Oh, seres humanos! Adoren a su Señor que los creó a ustedes y a quienes los precedieron, para que así alcancen el temor devocional de Dios} [Corán 2:21]
Ésta es la primera orden divina a la humanidad en la disposición secuencial del Corán. Cuando se le pidió al reconocido erudito del Islam, Ibn Taimia (fallecido en el año 1328), que explicara este versículo, escribió una respuesta exhaustiva sobre la realidad de la adoración o sometimiento a Dios (al ‘ubudia). Éxplicó que “abarca todo lo que Al-lah ama y aprueba de los dichos y acciones manifiestos y ocultos”. Éstos dichos y acciones incluyen todos los actos rituales de adoración legislados que el creyente realiza, así como aquellas acciones dentro del código moral prescrito de sinceridad, veracidad, paciencia, gratitud y buena conducta en todos los aspectos de la vida. Él sometimiento se basa en el amor y la obediencia a Al-lah y a Su Mensajero, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, por encima de todo lo demás: {Diles [¡oh, Muhammad!]: "Si sus padres, hijos, hermanos, cónyuges y familiares, los bienes materiales que hayan adquirido, los negocios que teman perder, y las propiedades que posean y les agraden, son más amados para ustedes que Dios, Su Mensajero y la lucha por Su causa, esperen que les sobrevenga el castigo de Dios [que pronto llegará]. Dios no guía a los corruptos} [Corán 9:24]. Se basa en la esperanza en la misericordia de Al-lah y en el temor a Su enojo y castigo, y en volverse hacia &Éacute;l en señal de arrepentimiento. De hecho, es el propósito mismo de la existencia de uno, como Al-lah afirma: {No he creado a los genios y a los seres humanos sino para que Me adoren} [Corán 51:56].
Por lo tanto, el sometimiento a Al-lah es un estado de completa sumisión y humildad hacia &Éacute;l. Él verdadero siervo (‘abd) o adorador de Al-lah se somete a &Éacute;l por amor a su Creador y Dueño. Como resumió Ibn Taimia:
“Quien se somete a alguien con odio no lo está adorando. Y quien ama a alguien sin someterse tampoco lo está adorando; esto es como un hombre que ama a su hijo y a sus amigos. Por lo tanto, ni el amor ni la sumisión son suficientes para adorar a Al-lah. Al-lah debe ser el más amado por el siervo y &Éacute;l debe ser el más grande de todos ante sus ojos. Nada merece el amor y la sumisión completos excepto Al-lah. Y si algo es enaltecido sin que sea por orden de Al-lah, su glorificación es rechazada”.
La esencia misma de la aceptación de la Ünicidad de Al-lah (Tawhid) significa reconocerlo y adorarlo como el único merecedor de ser adorado.
{No envié en el pasado a ningún Mensajero, excepto que recibiera la misma revelación que tú: “Nada ni nadie merece ser adorado excepto Yo, ¡Adórenme solo a Mí!”} [Corán 21:25]
Cada Profeta de Al-lah fue enviado con la misión de invitar a este Tawhid. Éllos fueron los modelos más nobles y dignos para la humanidad, que personificaron y perfeccionaron el papel y el estatus de ‘abd (siervo) para que lo imitemos. Él propio Profeta Muhammad es referido por Al-lah con este título tan honorable y querido de ‘abd (siervo), enfatizando su cercanía a Al-lah: {Glorificado sea Quien transportó a Su siervo durante la noche, desde la mezquita sagrada a la mezquita lejana cuyos alrededores bendije, para mostrarle algunos de Mis signos. &Éacute;l todo lo oye, todo lo ve} [Corán 17:1] (ver también 53:10, 72:19 y 2:23). Asimismo, toda la creación y, por lo tanto, también cada uno de nosotros es un ‘abd (siervo) de Al-lah, como se afirma a lo largo del Corán. Al-lah nos invita con frecuencia a reflexionar sobre nuestro entorno y nos recuerda que todo en el universo, toda la naturaleza, incluida la propia composición de nuestros cuerpos, hasta el nivel más microscópico, cumple su propósito en un estado de sumisión perpetua a Al-lah: {Lo glorifican los siete cielos, la Tierra y todo cuanto hay en ellos. No existe nada que no Lo glorifique con alabanzas, aunque ustedes no puedan percibir sus glorificaciones. &Éacute;l es Magnánimo, Perdonador} [Corán 17:44] (ver también 22:18 y 16:48-49). &Éacute;l es el Creador, el Señor y el Dueño del Día del Juicio, al que todos y cada uno de nosotros volveremos −ya sea que elijamos someter completamente nuestro libre albedrío e intelecto dado por Dios a &Éacute;l, o no−. Como señala Ibn Taimia, el ‘abd (siervo), por definición, es “aquel que está sometido, independientemente de si admite o niega esa condición, es un significado que abarca tanto al creyente como al no creyente”. Por lo tanto, es la voluntad y el esfuerzo sincero de uno para someterse de todo corazón a Al-lah lo que ennoblece y distingue al verdadero ‘abd (siervo) de todos los demás. Ibn Taimia explica nuestra necesidad fundamental de obediencia a Al-lah como medio para evitar el daño, comparándola con nuestra alimentación para evitar el hambre o nuestro uso de ropa extra para protegernos del frío. Solo entonces podemos empezar a apreciar la esperanza y el potencial de la verdadera sumisión en cada individuo, y el amor y la misericordia de Al-lah hacia nosotros al dirigirse a toda la humanidad como Su ‘ibad (plural de ‘abd): {Di: "¡Oh, siervos míos que están sumidos en el pecado [perjudicándose a sí mismos]! No desesperen de la misericordia de Dios. Dios tiene poder para perdonar todos los pecados. &Éacute;l es el Perdonador, el Misericordioso"} [Corán 39:53].
La sumisión a Al-lah es el pináculo de la existencia humana, mientras que someterse a cualquier otro (shirk) conduce inevitablemente a la opresión (dhulm) de uno mismo o de los demás: {[Recuerda] cuando Luqmán exhortó a su hijo diciéndole: "¡Oh, hijito! No dediques actos de adoración a otro que Dios, pues la idolatría es una gran injusticia"} [Corán 31:13] (ver también 39:29 y 16:75-76). Después de todo, ¿quién de la creación puede ser más justo, misericordioso y autosuficiente que el Creador? Por lo tanto, el siervo de Al-lah (‘abdul-lah) no está sometido a ningún otro, ni a sus ideologías, estándares o valores, ni a sus propios caprichos o deseos. Al esforzarse por alcanzar este noble estatus, uno es bendecido con un sentido verdadero, más profundo y duradero de liberación y empoderamiento para vivir la mejor versión de uno mismo, para darse cuenta de la dignidad y el estatus ante Al-lah y, a su vez, el respeto de los demás, y para alcanzar el éxito en este mundo y el otro. Ésta es una realización crucial en el contexto del hiyab, y que desmantela de manera efectiva las dudas y los conceptos erróneos. Conectar el hiyab con la sumisión a Al-lah no solo deja en claro por qué se debe observar, de qué manera se debe observar y para quién, sino que también fortalece la fe, el propósito y la confianza en sí mismo, con los que se logra superar cualquier desafío y lucha personal que se pueda encontrar en este sentido.
Qué mejor ejemplo para admirar que el de Mariam (María), la madre de ‘Isa (Jesús), quien es reconocida por su sumisión y piedad. Élla es la mejor entre todas las mujeres de todos los tiempos , honrada y admirada en todo el mundo por la sinceridad y la fuerza de su fe frente al tremendo desafío a través de su sometimiento a Al-lah, ¡y su manifestación en su renombrada modestia! Él Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él dijo: “La mejor mujer (de su tiempo) fue Jadiya, y la mejor mujer (de su tiempo) fue María” (Musnad Aḥmad) (ver también Corán 3:37, 3:42-43 y 19:16-33).
La misma base de sumisión constituyó la creencia fundamental que se inculcó a los primeros musulmanes en La Meca. És importante señalar que los primeros versículos del Corán revelados durante estos primeros trece años en la Meca se centraban en gran medida en el Tawhid, en el conocimiento de Al-lah y en el fortalecimiento de la fe y la sumisión, mucho antes de que la mayor parte de la legislación, incluido el mandato del hiyab, se revelara en Medina. Sin duda, la sabiduría detrás de esto, que sigue siendo válida en nuestros tiempos, es la necesidad de fortalecer primero la convicción y la certeza en la fe como la base sobre la que se construye la sumisión y la obediencia a Al-lah, ya sea en el contexto de facilitar la sinceridad, la coherencia y la facilidad en la oración, el ayuno, la caridad o la observancia del hiyab. Ésto inculcará confianza y fuerza para superar los desafíos de cualquier presión personal o social. Por lo tanto, en el contexto del hiyab, es en la base de la sumisión a Al-lah que uno puede transitar con éxito a través de toda la falsa propaganda, los conceptos erróneos, las dificultades y las normas y valores sociales fugaces en relación con el papel de la mujer, la belleza y la imagen de sí misma, manteniéndose fiel a su propósito como ‘abd (sierva) de Al-lah. Solo entonces uno descubrirá su verdadera belleza interior y la satisfacción de alcanzar su pleno potencial, mucho más allá de todos los estándares mundanos.
Hiyab: La sumisión a Dios en la mira (parte 1 de 3)
- Fecha de publicación:26/02/2025
- Sección:Temas de actualidad
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