Sobre las plegarias (Ad-Du’a)

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 En una ocasión, cuando estaba realmente anhelando algo en especial con mucha urgencia, solía rogar por ello en cada en cada oportunidad. Levantaba mis manos a los cielos, con grandes lágrimas en mis mejillas y rogaba a mi Señor que acepte mi humilde Du‘a o plegaria.

Los días pasaron y nada sucedió. Los meses pasaron y nada sucedió. Los años pasaron y aún no pasaba nada. Llegué a un punto donde pensé de alguna manera estaba faltando algo en mis plegarias. Pero luego pensé en todo el tiempo y la dedicación que puse en elevar mis plegarias una y otra vez con fervor. Así que decidí que no, yo no había fallado.

Algunos años después, mi Du‘a fue finalmente respondido. Y en ese momento yo era capaz de saber realmente por qué mi Creador había esperado hasta ese momento para concederme mi plegaria. Por la bondadosa misericordia de mi Señor Todopoderoso, se me concedió el entendimiento y comprensión que se necesitaba para que yo tome la decisión correcta cuando la oportunidad finalmente se presentó. Si yo hubiese recibido la respuesta a mis plegarias cuando aún era débil y estaba impedido de pensar con claridad, estaba destinado a cometer un error fatal.

Yo era como un niño llorón que pedía jugar con un cuchillo mientras Al-lah, Glorificado sea, Era como un padre cariñoso pero firme que lo mantenía fuera de mi alcance en su infinito amor y misericordia. Así que ahí estaba yo.

No era que mi Señor no Oía mis plegarias, no era que yo fallaba en algo al pronunciarlas. Era el amor de mi Señor por su humilde siervo que me protegió. Mi plegaria estaba de hecho siendo completamente respondida pero en un modo que yo no sabría entender hasta mucho después.

Cuando realmente se materializó del modo que yo estaba rogando, Al-lah glorificado sea, ya me había provisto el Tawfiq (apoyo necesario para el éxito) que yo necesitaba para tomar la decisión correcta. Así que todo este tiempo, El que me Creó me estaba preparando para este preciso momento. ¡Al-lahu Akbar!

Se cita que el Imam Ali bin Abi Talib, radia Al-lahu ‘anhu, dijo: “El Du‘a es el arma del creyente”. (Algunos citan estas palabras y las atribuyen al Profeta, sallallahu ‘alaihi wa salam, pero es un dicho del Imam Ali, radia Al-lahu ‘anhu). El Du‘a tiene el poder de cambiar tu destino, sin embargo Al-lah, el Omnisapiente, ya sabe que tú pronunciarías este Du‘a y que Él lo aceptaría.

Nuestro guía y orientador nos ha enseñado también varias maneras de aumentar los méritos de nuestro Du‘a para que sea aceptado más rápido y en una manera que nos complazca y entendamos:

Primero: Realiza un Wudu’ nuevo y realiza un par de rak’at.
Segundo: Prostérnate ante tu Señor o levanta las manos con las palmas extendidas hacia arriba. El Profeta, sallallahu ‘alaihi wa salam, dijo: “lo más cerca que uno de vosotros está de su Señor es cuando está prosternado. Por lo tanto aumentad allí vuestras plegarias”. También dijo: “durante las prosternaciones, esforzaos lo más que podáis en pronunciar plegarias. Lo más probable es que seáis escuchados”. [Muslim]

Tercero: Invoca la paz y bendiciones de Al-lah sobre el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa salam, y su familia.

Cuarto: Alaba merecidamente a tu Señor, aunque nunca podremos hacerlo a cabalidad.

Quinto: Pide perdón por tus faltas y pecados.

Sexto: Pídele al Clementísimo y Misericordioso que te Conceda lo que estás pidiendo en esta plegaria para esta vida (Ad-Dunia) o la otra (Al Ajira).

Séptimo: Completa tu plegaria invocando nuevamente la paz y bendiciones de Al-lah sobre su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa salam.

Hay también ciertos momentos durante el día y la noche en los cuales tu plegaria tiene más posibilidades de ser aceptada. Algunos de estos tiempos son:
• Una hora del día viernes, aunque no se nos precisa cuál es exactamente esta hora y por lo tanto nos conviene pronunciar plegarias continuamente durante todo ese día.
• Después de haberse pronunciado el llamado al rezo (Al Adhan).
• Después de realizar Al Wudu’ y haber testificado la unicidad de Al-lah y la profecía de su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa salam.
• Durante el último tercio de cada noche. Al-lah Dice en esta parte de la noche: “¿Quién Me está invocando para que lo escuche? ¿Quién Me está pidiendo para que le dé? ¿Quién Me pide perdón para que lo perdone?” (Hadiz Qudsi. Bujari).

Durante el tiempo que pasé implorando fervorosamente, mi alma se puso ansiosa y fui seriamente tentado de abandonar mis plegarias y abandonar toda esperanza. Pero no podía hacerlo; sabía que era eso precisamente lo que Satanás quería de mí: que pierda la fe en mi Señor. Cuando llegué a este punto redoblé mis esfuerzos en mis plegarias.

Queridos musulmanes, deben saber que si paran de suplicar a su Señor, sus plegarias no serán escuchadas. A pesar del dolor y la ansiedad por esperar que tus plegarias sean respondidas, nunca te rindas. Al contrario, continúa con la convicción de que tu Señor está cerca y responde los llamados de sus siervos.

Teniendo esto presente, siempre me esfuerzo para alabar a mi Creador, ante cualquier suceso, con la fórmula: Al Hamdulil-lahi ‘ala kul-li Hal, alabado sea Al-lah en toda circunstancia.
Queridos lectores, mantengan la fe en Al-lah, el Todopoderoso, y sus plegarias sin duda serán respondidas.

 

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