La imagen perfecta

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 Amamos un bello paisaje. Un campo de verdor fresco. Montañas y árboles elevándose sobre nuestro ser. El sonido sibilante y de salpicaduras de los arroyuelos pasando entre los lechos de piedra. Descripciones comunes, pero siempre atractivas. ¡Y no podemos olvidar las flores! Sin ellas, un campo está desnudo de sus joyas invaluables. Todo esto y mucho más, formado para nuestro disfrute visual.


Recientemente, yo estaba en un lugar con la descripción anterior (excepto por las montañas). Estaba sentado en un banco leyendo un libro cuando una novia y su novio entraron en escena, acompañados por su fotógrafo, la pareja extática por la magia a punto de ser capturada con un movimiento de sus dedos profesionales. Todo era perfecto. El sol brillaba. Los pájaros cantaban. La brisa era tranquila y pacífica. Y, por supuesto, la novia se veía más glamorosa que nunca (podría jurar que llevaba un vestido de diseñador).


Clic. Y el momento fue capturado en la película… para siempre.


Pero algo estaba mal con esta foto (no es un juego de palabras).


Tomamos foto tras foto, año tras año, agregando a nuestra importante compilación de recuerdos, pruebas de vida, si se quiere. Pero hoy en día, incluso una fotografía no es lo que solía ser.


En otros tiempos, las fotos estaban destinadas a capturar y congelar algunos momentos memorables. Ahora, apenas podemos mantenernos al día con todas las formas diferentes de catalogar tales eventos como inolvidables, tomando las imágenes deseadas que fabricamos a fin de que parezcan emociones reales.


Y no vamos a meternos con las aspirantes a modelo de revista que andan por ahí sin poder entender que mucho peor que simplemente tomar parte en el mundo del peinado es imitarlo. Falsear la fantasía, en mi opinión, debería ser ilegal en al menos 49 estados.


Lo que es más significativo es que estamos tan ocupados creando impresiones que creemos se ven bien, que no dejamos tiempo para participar en la construcción de un mundo real, una tierra saludable, un buen lugar para que vivamos todos con dignidad. Tenemos ideas distorsionadas sobre qué es la felicidad.


El amor, por ejemplo, no es una caja de chocolates y una docena de rosas en nuestros implacables cumpleaños. Tampoco es una propuesta espontánea de matrimonio sincronizada con fuegos artificiales traídos ilegalmente de Indiana… sólo para ti. Pero eso es lo que cada comedia y tragedia románticas nos han enseñado a creer. Y ahora, cuando llegamos allí, siempre nos decepcionamos por no encontrar lo que tanto estábamos esperando. La pérdida real está en la incapacidad que tenemos de disfrutar lo que realmente se nos ofrece, lo que, si pudiéramos recordad la forma de apreciarlo, lo hallaríamos superior a cualquier historia de amor jamás escrita.


Disney nos dice que le pidamos deseos a una estrella (a mí me suena a pura idolatría). La revista Cosmopolitan nos induce a pagar miles de dólares para lucir como una estrella. Y por unos pocos dólares más, puedes de hecho tener una estrella dedicada a ti. Odio tener que desilusionarte, pero las estrellas no pueden hacer que tus esperanzas se cumplan ni que tus sueños se hagan realidad. Aún debemos encarar y cumplir las responsabilidades que nuestro Dios nos ha encomendado. Nuestra comunidad es nuestra primera responsabilidad, comenzando con nuestras propias familias. No tenemos que ir a África a hacer trabajo social para salvar al mundo. Los grandes cambios ocurren porque los individuos identifican una necesidad, reconocen sus intereses, capacidades y habilidades, y entonces trabajan para hacer algo con esto que han encontrado. Además de ganar una gran satisfacción, el proceso se acompaña de desafíos inmensos y épocas duras (a veces insoportables). Las buenas noticias es que nuestras opciones son ilimitadas.


Imagine esto. Abdul-lah fuma cada cosa fumable a la vista, mira en la televisión y en Internet imágenes que nublan la mente y estremecen el alma, y está aprendiendo cada día a sentirse peor y peor respecto a quién es. Sus aspiraciones, entre otras cosas, incluyen tener un i-pod, el último teléfono celular (que viene con un i-pod integrado), la playstation más actualizada, y por supuesto, el último y más veloz auto en el mercado.


¡Ahora hay una escena para capturar! ¿Qué pondrá frente a nuestros ojos en 20 años?


¿Tendremos una nueva generación de musulmanes jóvenes, fuertes, listos para cargar el mundo con bondad?


¿Habrá escuelas diseñadas para producir un pueblo lector, consciente, pensante y productivo?


¿Vamos a estar aún más hundidos en la crisis verde que crearon nuestras propias manos y que ven nuestros propios ojos hoy día?


¿O sólo tendremos una colección de álbumes fotográficos brillantes, organizados de manera cronológica, y bien encuadernados, descansando en un estante a la espera de ser sacados y observados con admiración y sorpresa? ¡Oh, qué viejos estamos!, pensaremos para nuestros adentros.


Pero, ¿hemos crecido?


¿Y ese crecimiento se refleja en el escenario que habremos producido con nuestro esfuerzo individual (y colectivo) a lo largo de los muchos años anteriores para los que han de venir?


¡Ah, una mejor pregunta!


¿Tendremos la imagen correcta qué presentarle a Al-lah que hable más que mil palabras buenas en nuestro favor, o desearemos encontrar incontables palabras de justificación en su lugar?


Así que enfócate en lo que puedes ofrecerle al mundo.


Pero cómo podemos especializarnos con éxito en algo, puedes preguntar, así como hacemos con todas las cosas reales que realmente queremos. Hacer nuestras intenciones (pero para complacer a Al-lah y servirle a Él a través del servicio a la humanidad), y hacer una lista de cosas por hacer. Revísala dos veces. Toma una decisión. Luego, ¡a trabajar!


Porque somos nosotros, después de todo, quienes realmente hacemos la escena.

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