La brujería, sus efectos y consecuencias (Parte 1)

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Son muchas las personas que se quejan de un mal enorme cuyo daño se extiende tremendamente, un peligro tan grave y que amenaza la tranquilidad y estabilidad del ser y la mente. Es uno de los más grandes misterios y secretos destructivos que hay, de cuya oscuridad y perdición solo se salvan muy pocos, porque en este asunto se involucran hombres y mujeres, pobres y ricos, iletrados y profesionales, enfermos y saludables, dirigentes y gobernados, es decir, que ha logrado arraigarse muy profundamente en todos los campos de nuestras vidas: la política, la economía, la cultura, la educación y hasta el deporte; solo se libran de caer en el engaño de este mal quien recibe la misericordia de Al-lah.

Es un mal que acaba con la alegría, destructor y divisor de hogares, pues cuántas mujeres no han sido divorciadas y niños despojados del calor de sus padres por su causa. Cuántos y cuántos son los que han perdido su tranquilidad, su estabilidad e incluso hasta sus bienes por su causa. Entonces, estamos hablando de un peligro que amenaza al individuo, la familia y la sociedad por completo. ¿Se imaginan a qué nos estamos refiriendo? Así es, es la brujería, la cual por medio de hechizos, brebajes, amuletos, trabajos, nudos, etc., tiene un efecto destructivo para el cuerpo, la mente y el alma. La brujería enferma y mata, y divide y destruye, hace que el embrujado vea lo beneficioso como perjudicial y viceversa.
La brujería en el Islam es sinónimo de incredulidad, es un mundo oscuro y extraño; en su exterior es llamativo y cautivador, pero en su interior es todo lo contrario, es putrefacción y porquería. No hay una sola persona que se dedique a este perverso oficio sin que su corazón muera, y no hay una sociedad en la que se haya esparcido este mal sin que haya sido destruida o vaya camino hacia la perdición.
Al-lah, Altísimo sea, Envió a Su Profeta Muhammad,  Sallallahu ‘alayhi  wa sallam , con la religión verdadera y la guía recta para acabar con los vestigios de la ignorancia, el politeísmo y la idolatría, y purificar las mentes y los corazones de los malos hábitos a los que estaban acostumbrados y que les tenía sumidos en la confusión. En el tiempo del Yahiliah (la ignorancia, época preislámica) la gente era supersticiosa y se aferraban de símbolos, amuletos, fetiches y talismanes esperando que los beneficiaran y trajeran suerte; pero cuando llegó la creencia, que establecía la confianza única y absoluta en Al-lah, fueron liberados por completo de los agüeros y supersticiones. Con esta creencia se creó una barrera protectora contra la brujería, sus practicantes y todas las mentiras, ilusiones y desviaciones, y se expuso la verdad de este mal ante todo el mundo, mostrando que los brujos solo pretenden beneficiarse materialmente a costas del mal de la gente y la sociedad entera; por lo tanto, no se puede pensar que la brujería traiga algún bien o asegure el progreso.
En el tiempo en el que nos encontramos, el de la tecnología, el adelanto científico y la modernidad, se supone que creer en supersticiones y todo lo que la brujería promueve es rechazado; sin embargo, esto no sucede, pues aún en los países más desarrollados hay mucha gente que sigue creyendo en hechizos y utilizando amuletos para la suerte, para cuidarse de un mal. Con todo el conocimiento que tenemos a nuestra disposición hoy en día, sigue habiendo gente que creen en el “poder” de los brujos, ¡pese a que ven que estos hechiceros no pueden protegerse a sí mismo de los accidentes y mucho menos pueden librarse de la muerte!
Todo aquel que se dedique a la brujería y hechicería debe saber que ha incurrido en el desagrado de Al-lah y se expone a su castigo, consecuencia de su desobediencia e incredulidad, además todas las obras que haya realizado le serán rechazadas y las habrá anulado; porque para ser brujo hay que adorar a otro que no sea Al-lah, en este caso al Shaitan (el demonio), debe ofrecerle actos de devoción que solo corresponde a Al-lah, como la obediencia, las oraciones, la confianza, la solicitud de ayuda y las súplicas. Llegan a casos extremos como el hacer cosas horribles con el Corán: hacer sus necesidades fisiológicas sobre él, escribir algunas de sus aleyas con inmundicias, etc.; si son capaces de hacer esto con la palabra de Al-lah, imagínense qué más hacen: incesto, homosexualismo, y toda conducta enfermiza. Este tipo de conductas de incredulidad son una prueba clara de que la relación que ha establecido el brujo con el demonio es muy fuerte, y que cree firmemente que él le responderá a cualquier petición y llamado que le haga. Satanás, al ver que su alumno le ha jurado fidelidad por completo, hace que sus secuaces, los demonios de los Yin (genios), les ayuden en sus fechorías aprovechando las facultades sobrenaturales con las que han sido dotados, para crear confusión entre la gente y hacerla pensar que el brujo en realidad tiene poderes; Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {¿Queréis que os informe sobre quién descienden los demonios? Descienden sobre todo mentiroso pecador [que dice ser adivino]. Ellos [los demonios] se esfuerzan por oír [las revelaciones a los Ángeles en el cielo], pero le transmiten [a los hombres] mentiras.} [Corán 26:221-223]
 
Entre más actos de incredulidad cometa el brujo más obedientes serán los demonios que los ayudan y más rápida serás sus respuestas, por lo que no cabe duda que la brujería y su práctica son actos que contradicen por completo la creencia y la fe en Al-lah, lo que significa que es una de las razones que hacen que la persona que caiga en esta horrible desobediencia no se considere más como musulmán. Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {…eran los demonios quienes enseñaban a los hombres la brujería y la magia que transmitieron los Ángeles Harut y Marut en Babel. Pero éstos no le enseñaban a nadie sin antes advertirle que se trataba de una tentación, y que quien la aprendiera caería en la incredulidad.} [Corán 2:102] El Profeta Muhammad,  Sallallahu ‘alayhi  wa sallam , dijo: “… y quien hace brujería ha caído en la idolatría” [An-Nasai’], y: “No es de los nuestros quien tiene agüeros o los enseña, ni el que pide que se le adivine su suerte o es adivino, ni el brujo ni el que pide que hagan brujería por él”. [Tabarani]

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